Descubriendo el sexo

No importa su edad, ni su nombre, ni su nacionalidad. Acaba de descubrir el sexo, en toda la extensión de la palabra, y me llama y me habla de las cosas más obscenas del mundo con la naturalidad del niño que aprende a decir su primer taco sin ser, verdaderamente, consciente del significado de la palabra.

Y me río, y se ríe porque se sabe un aprendiz mañoso, de brazos y piernas fuertes, pero de alma tierna.

Su discurso no tiene fin, sólo la limitación de la tecnología es capaz de terminar con el entusiasmo del muchacho contando con detalle sus hazañas de amor, donde él es el protagonista de una historia que jamás imaginó vivir.

Me sorprende la naturalidad con la que su curiosidad consigue sonrojarme al preguntarme cosas como si el semen sabe a lejía. Y me río, y se ríe.

Y en medio de su historia, que en boca de cualquier otra persona parecería el guión de una película porno, me dice: -¿Sabes? me ha dicho que me ama-.

XX / XY

Los cromosomas definen, entre otras muchísimas cosas, la sexualidad del individuo, que viene manifestada inicialmente por unos caracteres sexuales primarios y que posteriormente gracias a los secundarios se continúa con el cambio que diferenciará, fenotípicamente, al hombre de la mujer.

Pues bien, esta diferencia sexual entre hombres y mujeres no es únicamente física, también lo es mental y es aquí donde se genera el conflicto entre ambos, pues son atraídos por la compatibilidad física y rechazados después por la incomprensión mental.

El grave problema es que cuando un individuo XX se relaciona con otro XY, o viceversa, espera que comparta al 100% sus necesidades y deseos generando una frustración en el primero ya que es imposible que esto sea así por sus marcadas diferencias psicológicas. Para paliar este desajuste se intenta, por ambas partes, llegar a un punto de complementariedad donde se trata de satisfacer con el otro las carencias individuales, cosa que rara vez funciona y suele terminar en un “ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio”. Y es que parece que todo vale con tal de no estar solo.

Colorín colorado la granja ha quebrado

La granjera nunca será lo que era,
mientras el francés sonríe del revés.
Vieja, tonta y fea ya no hay quien la vea.
¡Ay qué dolor! De algún sitio venía tan mal olor.
Ahora las cerdas no tienen lodazal y gruñen sin parar, necesitan un bozal.
Las gallinas no paran de cacarear, qué alguien les de un gallo al que agasajar.
Pobres perros, ya no tienen a quien servir, a algún sitio se tendrán que ir.
El pavo no tuvo mejor suerte, la granjera le dio muerte.
¡Ay qué alegría, que de allí me fui un día!
Expopress Arantxa Manterola

El enormísimo placer del odio

De la misma forma que uno desea ser amado por una persona en concreto y esto le convierte en la persona más feliz del mundo, el odio recíproco puede resultar igual o más excitante. Cada muestra de odio ajeno es un escalón más alto en el pedestal. Cuánto mayor es el odio que se despierta, más por encima se está.
El odio nos hace grandes, porque nadie odia a lo insignificante.

Hasta que la convivencia nos separe

- Hola amor.
- Hola vida mía.
- ¿Qué haces?
- Estoy preparando la presentación de los presupuestos ¿Está todo bien?
- Si amor, es sólo que te has vuelto a dejar el grifo de la ducha abierto y cuando he llegado a casa la bañera estaba a punto de rebosar…
- ¡Joder las malditas prisas! Esto de que a ti te guste tanto trasnochar a mí me tiene descuadrado y por las mañanas siempre voy con la hora pegada al culo…
- Sí claro ahora tu caótico estilo de vida es la consecuencia de que yo no sea una marmota….
- No, es causa de que tú pienses primero en ti, después en ti y luego también en ti, y nada existe a tu alrededor que no gire en torno a ti y tus putas manías de niñata malcriada…
- ¿Niñata malcriada? ¿Y lo dice el señor que tiene que comer paella todos jueves y lo hace con cara de asco porque no es como la de su mamá?
- No metas a mi madre en esto..
- Tú has hablado de la mía…
- No, yo sólo he dicho que eres una niñata malcriada, en ningún caso mencioné a tu madre…
- Ah no ¿Y quién me ha criado según tú?
- Buena pregunta, pero ahora no te la puedo responder, llego tarde a la reunión y a que no imaginas por culpa de quien…
- Sí, por mi culpa, por decir que sí cuando me propusiste vivir contigo.