Este sería el resumen de la mayoría de las bodas, pero quien puede fijarse en detalles tan insignificantes como un par de cuernos en la frente, llevando un anillo de brillantes y un carísimo vestido blanco que simbolice la ingenuidad, que no la pureza, de la novia.
Lo más triste en estos eventos, las bodas se entiende, es que la mayoría de los invitados conocen de la cornamenta de la muchacha lo que, obviando la parte negativa, resalta su belleza ya que el cuchicheo generalizado es: -Pobrecilla, con lo mona que es-. Lo que la novia no sabe es que efectivamente es mona, pero del circo de su boda.
Normalmente cada personaje cumple perfectamente con su papel, para eso el novio realiza una exhaustiva selección con la lista de los invitados reduciéndola a “un par de amigos” y familiares. Es importante evitar riegos innecesarios con la presencia de aquellos que tienen "malbeber" y conocen de su doble vida.
Y así trascurre tranquila y feliz la ceremonia y la posterior celebración, salvo con el pequeño mal trago de cuando el cura pronuncia las clásicas palabras de: “si alguien tiene algo que decir en contra de este matrimonio que hable ahora o que calle para siempre”. Pero sin más sobre saltos el día termina con un anillo más en uno de los dedos de la cornuda y un lavado de imagen para el traidor que ahora sólo tendrá que mantener recordando, como Dios manda, cada aniversario. Etiquetas: Humor, Teorías hijaputas