sol@edad.com
No consumo más droga que la soledad, que como todas las drogas no es más que una evasión que me aleja de resto y me aísla de la humanidad, que tan poco me gusta.
A veces enfermo de sobredosis, entonces salgo a desintoxicarme y juego a ser uno más, pero mi adición es más fuerte que yo y siempre termino chutándome mi ansiada dosis de soledad.
Y curiosamente, cuando no me tienen, cuando no me dejo encontrar, todos vienen a aquí a ver, al menos, que me sigo tocando.
A veces enfermo de sobredosis, entonces salgo a desintoxicarme y juego a ser uno más, pero mi adición es más fuerte que yo y siempre termino chutándome mi ansiada dosis de soledad.
Y curiosamente, cuando no me tienen, cuando no me dejo encontrar, todos vienen a aquí a ver, al menos, que me sigo tocando.
Crónica de un adiós sin anunciar
Se despertó una mañana, como todas las mañanas ya había anochecido. Un café desanimado con leche desilusionada sirvió para comenzar su solsticio de invierno.
Afuera hacía frío, decidió no salir de casa, ni ducharse, ni devolver las llamadas. Decidió, por una vez, pensar en ella y solamente ella. Entonces todo dio un repentino giro. Abrió las ventanas, llamó a todos sus amigos, buscó su mejor vestido, su mejor lencería, se depiló, se duchó, se maquilló y peinó. Todo estaba listo para comenzar de nuevo, para encontrar la felicidad, la tranquilidad.
Horas después los vecinos golpeaban la puerta alarmados por el olor a gas. Los bomberos la encontraron tendida en la cama, con los ojos cerrados y con la placida sonrisa de aquel que ya no sufre. Junto a su cuerpo una nota manuscrita que decía: perdón por no despedirme.
Afuera hacía frío, decidió no salir de casa, ni ducharse, ni devolver las llamadas. Decidió, por una vez, pensar en ella y solamente ella. Entonces todo dio un repentino giro. Abrió las ventanas, llamó a todos sus amigos, buscó su mejor vestido, su mejor lencería, se depiló, se duchó, se maquilló y peinó. Todo estaba listo para comenzar de nuevo, para encontrar la felicidad, la tranquilidad.
Horas después los vecinos golpeaban la puerta alarmados por el olor a gas. Los bomberos la encontraron tendida en la cama, con los ojos cerrados y con la placida sonrisa de aquel que ya no sufre. Junto a su cuerpo una nota manuscrita que decía: perdón por no despedirme.
Una llamada al vacío
Al otro lado del teléfono unos interminables tonos hasta que salta el contestador:
- Hola no estoy en casa déjame un mensaje después de la señal.
- Hola, mmmm... Vaya qué difícil es pillarte. Te llamaba para hablar contigo un rato y contarte que esta mañana hacia tanto viento que casi no podía caminar y las hojas de los árboles estaban por todos los sitios, menos en el suyo y que una niña casi volaba como una cometa mientras su padre la sujetaba de la mano, entonces me acordé de aquel día que tú y yo íbamos paseando y un golpe de viento se te llevó la gorra…
Un pitido anuncia el limite de tiempo de la grabación del mensaje.
- …Te llamaba también para decirte que te echo de menos, que me siento terriblemente sola desde que te fuiste y que no se vivir sin ti.
- Hola no estoy en casa déjame un mensaje después de la señal.
- Hola, mmmm... Vaya qué difícil es pillarte. Te llamaba para hablar contigo un rato y contarte que esta mañana hacia tanto viento que casi no podía caminar y las hojas de los árboles estaban por todos los sitios, menos en el suyo y que una niña casi volaba como una cometa mientras su padre la sujetaba de la mano, entonces me acordé de aquel día que tú y yo íbamos paseando y un golpe de viento se te llevó la gorra…
Un pitido anuncia el limite de tiempo de la grabación del mensaje.
- …Te llamaba también para decirte que te echo de menos, que me siento terriblemente sola desde que te fuiste y que no se vivir sin ti.
Una caja de colores y una tipografía
Esto es lo único necesario para vender absolutamente todo.
Hace ya algún tiempo hablé de mi concepto del packaging y es sorprendente como éste adquiere cada vez más protagonismo, hasta el punto de anular por completo el producto.
Cada vez más, las tiendas se convierten en museos en los que, en realidad, no se vende nada especial.
El chocolate, por ejemplo, no es nada nuevo pero si en vez de venderlo en forma de tableta y envolverlo en un papel rojo se hace en formas redondeadas y se mete en un tubo la cosa da, incluso, para dedicar una tienda a la venta exclusiva de chocolates varios.
Los productos de higiene personal son otro ejemplo. Alejados por completo de la estética de uso familiar del bote de litro, ahora aparecen tamaños inferiores a precios superiores, donde la calidad de los mismos queda garantizada por los miles de premios que tienen al mejor packaging. En la ropa también se da este fenómeno estético vendiendo, sin ir más lejos, pantalones vaqueros en cajas de refrigeración alimenticia.
Esto no son más que ejemplos a nivel comercial, pero si una estética impactante es suficiente para seducir y conseguir al consumidor, la conclusión es la siguiente: ¿Las rubias son realmente tan tontas*?
*Estereotipo odioso, como la gran mayoría. Entiéndase como ejemplo.
Hace ya algún tiempo hablé de mi concepto del packaging y es sorprendente como éste adquiere cada vez más protagonismo, hasta el punto de anular por completo el producto.
Cada vez más, las tiendas se convierten en museos en los que, en realidad, no se vende nada especial.
El chocolate, por ejemplo, no es nada nuevo pero si en vez de venderlo en forma de tableta y envolverlo en un papel rojo se hace en formas redondeadas y se mete en un tubo la cosa da, incluso, para dedicar una tienda a la venta exclusiva de chocolates varios.
Los productos de higiene personal son otro ejemplo. Alejados por completo de la estética de uso familiar del bote de litro, ahora aparecen tamaños inferiores a precios superiores, donde la calidad de los mismos queda garantizada por los miles de premios que tienen al mejor packaging. En la ropa también se da este fenómeno estético vendiendo, sin ir más lejos, pantalones vaqueros en cajas de refrigeración alimenticia.
Esto no son más que ejemplos a nivel comercial, pero si una estética impactante es suficiente para seducir y conseguir al consumidor, la conclusión es la siguiente: ¿Las rubias son realmente tan tontas*?
*Estereotipo odioso, como la gran mayoría. Entiéndase como ejemplo.
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