Una vez más vuelves a ser mío.

Me sorprendes por detrás mientras yo sirvo una copa de vino. Con tu mano derecha elevas mi brazo derecho hasta que mi mano queda a la altura para acariciar tus rizos negros. Tu mano izquierda acaricia suavemente mi cuello, mi hombro, mi pecho, mi vientre y subes rápidamente la mano hasta mi cara, para girar con fuerza pero con delicadeza mi mandíbula hacia tu boca. Lames mi barbilla, mis comisuras, mi nariz y por fin metes tu lengua y en mi sedienta boca. Bajas tus dos manos hasta llegar a mi cintura, me giras sin dejar de devorar mi boca. Frente a frente me miras fijamente mientras mi respiración se acelera ante la inminente invasión de mi cuerpo. Vuelves a besarme, casi con violencia, tus manos recorren y aprietan todo mi cuerpo. Tu boca camina ahora por mi cuello y mis pechos, me llevas hasta la pared más cercana y allí, sin salida, subes mi falda, te deshaces hábilmente de mis bragas y me regalas, por fin, la dureza de tu polla. Un suspiro de satisfacción invade mi alma, tus envestidas se apoderan de mi respiración mientras poco a poco desde los pies hasta la nuca me recorre el orgasmo que pone fin a mi fantasía.
Una vez más, al abrir los ojos, no estás.

Razón de más

Las mujeres fingen orgasmos, los hombres todo lo demás.

Qué alegría más grande vivir en una comunidad de vecinos

Sábado por la mañana: madrugo anormalmente porque vienen del supermercado a traerme la compra. Desayuno y me meto en la ducha, suena el timbre, es la encantadora vecina del primero. Se da la siguiente conversación:

- Señorita, por Dios, se me está inundando el piso.
- (A mí qué coño me cuentas) Uy pues yo no soy seguro, será la de abajo.
- No señorita, es que también llamé a su puerta y no me abrió.
- (Ya, porque es más lista que yo) Pues no sé, no estará.
- ¿Está usted usando el agua?
- (¿A ver hija mía, no ves que estoy chorreando y con el albornoz puesto?) Pues me estaba duchando.
- Por favor no use más el agua que voy a llamar a un lampista.
- (Qué manera de joder) No se preocupe. En un rato bajo a ver qué ha dicho el lampista.

Media hora después. Ahora soy yo la que llama a su timbre:

- (Qué pasa hijas de puta, ¿habéis llamado ya al lampista? o vamos a seguir jodiendo todo el fin de semana, por cierto qué espanto de lámpara es casi tan fea como vosotras) Perdonen que las moleste ¿cuándo llegará el lampista?.
- Uy qué pena con usted señorita, no vendrá hasta el lunes por la mañana.
- (Eso qué quiere decir, ¿qué voy a estar todo el puto fin de semana sin poder salir de mi casa porque se os moja un poquito vuestra mierda de piso?) Vaya eso es lo que pasa en los países desarrollados (claro que qué coño sabréis vosotras que venís del puto culo del mundo para vivir vuestro lesbianismo, porque yo no me trago que sois hermanas) si buscas un abogado o un arquitecto los tienes a patadas, pero los lampistas están muy cotizados. Vamos a tener que buscar un marido lampista (encima soy simpática con las sudacas).
- Si, señorita tiene razón.
- (Si eso dame la razón que como encima me lleves la contraria no respondo de mis actos) Bueno, pues no las molesto más. No se preocupen que no usaré el agua en todo el (puto) fin de semana (estaréis contentas hijas de puta, ya me habéis jodido bien, os molestan los tacones a las tres de la mañana y os estáis vengando, pues os vais cagar, ahora mismo pongo la lavadora, aunque sólo meta unas bragas) Adiós señoras (cabronas).

Voces*

Desde hace días que vengo escuchando voces, voces que me nombran, que me gritan, voces que me despiertan, que me aturden, que me enloquecen. Oigo mi nombre en la oscuridad de la noche, con la luz del día, al atardecer, al amanecer. Mi nombre, mi nombre...
Alguien podría hacerme dicho que la hija de la vecina nueva se llama como yo ¿no?


*Extraído de mi viejo blog.

La vida sigue…

Contigo o sin ti la vida continúa. Pero si hago un balance de situación mi conclusión no es la misma. Porque... ¿qué es la vida? ¿acaso no es vivir? ¿acaso no es saborear los buenos momentos, sentir emociones, luchar…? Mil cosas que hacen a este cómputo de momentos llamarlo vida. Pero no es mi caso. Para mí el tiempo, las horas, los días no son más que algo que necesito que pase. Soy una consumidora de tiempo. No lo vivo, sólo lo consumo, lo gasto, lo agoto... y no lo uso, sólo lo consumo. Porque una vez me dijeron que el tiempo lo cura todo, por eso lo gasto sin vivirlo, para ver si de una vez el tiempo me cura del dolor de tu ausencia.