De un tiempo a esta parte los medios de ¿información? no paran de hablar de la gravedad del tema de la piratería en España, somos el tercer país a nivel mundial que más dinero destina a este tipo de productos. Y yo pienso: por algo será. Y lo tengo clarísimo. Es cierto que el precio tanto de la música como del cine es elevado respecto al precio de coste de éstos, pero sin entrar en cuestiones empresariales ni de derechos de autor, etc. Lo que realmente me sorprende es la afición generalizada a las copias, independiente de lo que sean.
Es común ver a las señoras con bolsos de plástico con anagramas ilegibles que pretenden decir Chanel, Louis Vuitton, Fendi o Tous. Éste último merece una mención especial ya que las imitaciones deforman aún más el monstruoso oso de la firma, resultando de lo más insultante para el gusto que algunos, aún conservamos. Criticas estéticas a parte, me sorprende profundamente lo importante que puede llegar a ser llevar una marca sin importar la calidad del producto. Parece que lo único que importa es llevar un bolso de firma ante los ojos de los demás. Cuando es más que obvio que todo un ejército de féminas vestidas por Amancio Ortega (público objetivo perfectamente definido) no son clientas habituales de modistos de renombre.
Jamás he comprado una copia o imitación de NADA y me da mucha pena como la gente critica los precios de según que firmas y después se cuelgan lo primero que les vende un muchacho rumano en mitad de la Gran Vía.
Me gusta el cine y quiero disfrutarlo con calidad, me gusta la música y quiero saber quien hace los arreglos. Me gusta la moda y quiero diseños originales y tejidos buenos. Por eso la verdadera razón del consumo de la piratería no es el precio, sino lo poco que se valora la calidad de lo bien hecho. Como se explica sino que el sector servicios sea el que más beneficio genera en España.
La piratería no es un tema de dinero, exclusivamente.
Es común ver a las señoras con bolsos de plástico con anagramas ilegibles que pretenden decir Chanel, Louis Vuitton, Fendi o Tous. Éste último merece una mención especial ya que las imitaciones deforman aún más el monstruoso oso de la firma, resultando de lo más insultante para el gusto que algunos, aún conservamos. Criticas estéticas a parte, me sorprende profundamente lo importante que puede llegar a ser llevar una marca sin importar la calidad del producto. Parece que lo único que importa es llevar un bolso de firma ante los ojos de los demás. Cuando es más que obvio que todo un ejército de féminas vestidas por Amancio Ortega (público objetivo perfectamente definido) no son clientas habituales de modistos de renombre.
Jamás he comprado una copia o imitación de NADA y me da mucha pena como la gente critica los precios de según que firmas y después se cuelgan lo primero que les vende un muchacho rumano en mitad de la Gran Vía.
Me gusta el cine y quiero disfrutarlo con calidad, me gusta la música y quiero saber quien hace los arreglos. Me gusta la moda y quiero diseños originales y tejidos buenos. Por eso la verdadera razón del consumo de la piratería no es el precio, sino lo poco que se valora la calidad de lo bien hecho. Como se explica sino que el sector servicios sea el que más beneficio genera en España.
La piratería no es un tema de dinero, exclusivamente.