Los tres mil ciento veintisiete días de esta semana se me están haciendo eternos.
Mi coño y yo

Desde hace días ando dividida en dos partes: la parte que apoya a mi mente y la parte que defiende a mi corazón. Ambos están en mi cuerpo, pero no se llevan bien. Ni tan siquiera de jóvenes porque la mente quería más a mi madre y el corazón más a mi padre. En fin una lucha que nunca les ha llevado a ninguna parte. La cuestión es que ahora andan peleadísimos, suerte que en estos casos yo siempre recurro a mi coño. Es el que mejor me entiende, no en vano ocupa un lugar protagonista en mi vida y en este blog.
Mi coño dice que si hago caso a la mente me privaré de las más bellas emociones, pero que si hago caso al corazón perderé la cordura y corro el riesgo de hacer el idiota, en cambio si me dejo llevar por lo que él, mi coño, siente mi vida será un gran saco de placeres. Por otro lado, también dice que puestos a decidir no necesitamos a nadie más, que como nos conocemos tan bien nos basta con un par de minutos para ser felices los dos y que así se relajaran la mente y el corazón y quien sabe si hasta se reconcilian.
Creo que una vez más le haré caso. Siempre tan sabio. Sé que el corazón y la mente le tienen celos porque le mimo demasiado, pero cómo no le voy a mimar si me da tantas satisfacciones.
Mi coño dice que si hago caso a la mente me privaré de las más bellas emociones, pero que si hago caso al corazón perderé la cordura y corro el riesgo de hacer el idiota, en cambio si me dejo llevar por lo que él, mi coño, siente mi vida será un gran saco de placeres. Por otro lado, también dice que puestos a decidir no necesitamos a nadie más, que como nos conocemos tan bien nos basta con un par de minutos para ser felices los dos y que así se relajaran la mente y el corazón y quien sabe si hasta se reconcilian.
Creo que una vez más le haré caso. Siempre tan sabio. Sé que el corazón y la mente le tienen celos porque le mimo demasiado, pero cómo no le voy a mimar si me da tantas satisfacciones.
Una guerra ganada
Casi un año buscándolo y necesitándolo como el aire para respirar. Casi un año inventándome día a día una razón para seguir luchando, para mantenerme firme y cuando ya no lo esperaba ni lo buscaba ha llegado. Aquí está, una verdadera razón para continuar. La respuesta a todo este tiempo.
Hacia tanto que no lloraba de felicidad…
Hacia tanto que no lloraba de felicidad…
Preparada, lista, ya
Tengo pañuelos para las lagrimas. Tengo manzanilla para disimular la hinchazón de los ojos. Tengo el carmín para dibujarme la sonrisa. Tengo wisky para la desesperación. Tengo fotos para autotorturarme. Tengo la excusa para no salir de casa. He arrancado los cables del teléfono. Ya puedes marcharte cuando quieras.
Hablando con mi hermano:
– Dime, ¿cuál ha sido la mayor decepción que has tenido al hacerte mayor?
– Descubrir que no eres perfecta.
– Descubrir que no eres perfecta.
Situación Embarazosa II
Salir un momento a la terraza y quedarse encerrada con el culote más pequeño que existe en el mercado de los culotes y ver como una de las calles de Barcelona con mayor afluencia de coches es testigo del momento en que todos los vecinos han decidido salir a la terraza de sus casas.
Que aquellos me perdonen
Perdóname, cabrón, por aquel día que hablaste mal de mí a mis espaldas. Perdóname, pequeña zorra, por intentar malmeter entre mi pareja y yo. Perdóname, sucio bastardo, por haberme insultado aquel día. Perdóname, guarra, por pasar de mí cuando te necesité. Perdóname, hipócrita, por haberme engañado mientras fingías ser de confianza. Perdóname, traidor, por aquella vez que me negaste. Perdóname, mentiroso, por aquel momento que desconfiaste de mí. Perdóname, mal amigo, por delatarme. Perdóname, falsa, por haberte hecho pasar por mi amiga. Perdóname, monstruo, por tantas veces que me has humillado. Perdóname, maltratador, por los momentos en los que me has hecho sentir que no valgo nada. Perdóname, violador, por aquella vez que no quería que me follaras. Perdóname, jefe, por no pagarme lo que merecía. Perdóname, golfa, por querer follarte a mi chico. Perdóname, payasa, por pensar que no me harías daño. Perdóname, puta, por abrirte de piernas con el hombre equivocado. Perdóname, infiel, por ocultarme lo que más tarde descubrí. Perdóname, autobusero, por salpicarme el traje gris. Perdóname, peluquera, por haberte pasado cortándome las puntas. Perdóname, profesora, por haberme suspendido injustamente.
Perdonadme, porque yo no sé perdonar.
Perdonadme, porque yo no sé perdonar.
Las Apariencias Engañan
Un “te odio” ofrece una garantía que no ofrece un “te quiero”. El “te odio”, con toda seguridad, es sincero, desde lo más profundo del alma, en cambio el “te quiero”, en la mayoría de ocasiones, es pura inercia.
El tercer voto decide
Cuando la cabeza quiere una cosa y el corazón otra, la única alternativa es preguntarle a la entrepierna.
El taxista que me arregló el día
El viernes pasado quedé para ir al cine y, como siempre, iba tarde. Esto y lo “llamativo” que era el escote del top nuevo me hicieron pensar que era mejor ir en taxi y pasar del metro. Así lo hice.
El trayecto era corto, desde la Casa de las Punchas hasta la Plaza Cataluña, pero el taxista me dio una agradable e interesante conversación.
Mi obvio estrés le hizo interesarse por la rapidez del trayecto y a partir de ahí no me quedó más remedio que confesarme impuntual. Fue entonces cuando él (el taxista) me mencionó que había salido un estudio acerca de la impuntualidad femenina y que éste dio como resultado lo siguiente: las mujeres impuntuales son mucho más inteligentes que las puntuales. En ese momento me acordé yo de otro estudio que decía que los infieles también son mucho más inteligentes que los fieles. Siempre necesitamos justificar nuestros “fallos” y si se pude convertirlos en virtudes.
El caso es que yo he intentado confirmar, con datos reales, lo que me dijo el taxista pero me ha sido imposible de modo que, como en el horóscopo, de aquella conversación me quedo con lo que me interesa nada más: Mi impuntualidad me convierte en un portento de inteligencia.
El trayecto era corto, desde la Casa de las Punchas hasta la Plaza Cataluña, pero el taxista me dio una agradable e interesante conversación.
Mi obvio estrés le hizo interesarse por la rapidez del trayecto y a partir de ahí no me quedó más remedio que confesarme impuntual. Fue entonces cuando él (el taxista) me mencionó que había salido un estudio acerca de la impuntualidad femenina y que éste dio como resultado lo siguiente: las mujeres impuntuales son mucho más inteligentes que las puntuales. En ese momento me acordé yo de otro estudio que decía que los infieles también son mucho más inteligentes que los fieles. Siempre necesitamos justificar nuestros “fallos” y si se pude convertirlos en virtudes.
El caso es que yo he intentado confirmar, con datos reales, lo que me dijo el taxista pero me ha sido imposible de modo que, como en el horóscopo, de aquella conversación me quedo con lo que me interesa nada más: Mi impuntualidad me convierte en un portento de inteligencia.
Desnudo integral
"Para ser sincera y sin que sirva de precedente te diré que no le tengo ningún apego a la vida. No me interesa demasiado esto de vivir. De hecho hago verdaderos esfuerzos para que no se me note lo poco que me importa todo el teatro este que, desgraciadamente, cada vez se cree menos gente. Me agota tener que comportarme como “todo el mundo”, cuando lo único que quiero es encerrarme y esperar a que llegue el día, el último día. Por eso no hago planes de futuro, por eso no quiero tener hijos, por eso no espero nada de nadie, por eso trato que nadie dependa de mí, para ser sustituible con facilidad.
He encontrado un nuevo estímulo: ir al médico. La esperanza de que un día de estos me diga que por fin ha encontrado eso que terminará conmigo de una vez me hace sentir bien. De pronto me convertiría en alguien bueno. Todo lo que he hecho en esta vida tendría valor. Mis miedos se convertirían en manías que todos adoraban. Mis rarezas en “eso” que me hacía tan especial y distinta. Y quien sabe si esto que ahora lees se vendiera como rosquillas mientras alguien se forra con los derechos de autor.
A veces miro alrededor y todo me parece una mierda. Una guerra constante de soldados nauseabundos que luchan por conseguir no se sabe qué.
A veces miro mi vida, la de verdad, y veo que se me ha olvidado ser feliz."
Anónimo
He encontrado un nuevo estímulo: ir al médico. La esperanza de que un día de estos me diga que por fin ha encontrado eso que terminará conmigo de una vez me hace sentir bien. De pronto me convertiría en alguien bueno. Todo lo que he hecho en esta vida tendría valor. Mis miedos se convertirían en manías que todos adoraban. Mis rarezas en “eso” que me hacía tan especial y distinta. Y quien sabe si esto que ahora lees se vendiera como rosquillas mientras alguien se forra con los derechos de autor.
A veces miro alrededor y todo me parece una mierda. Una guerra constante de soldados nauseabundos que luchan por conseguir no se sabe qué.
A veces miro mi vida, la de verdad, y veo que se me ha olvidado ser feliz."
Anónimo
Culo tenemos todos
Son muchos los años en los que se ha pensado que el culo era de “disfrute” exclusivo de mujeres y hombres homosexuales. Hay gente incluso que ni se plantea que el culo sirva para algo más que “finalizar la digestión”, pero esto comienza a cambiar. Parece que la liberación de la mujer también está liberando la mente de algunos hombres y estos comienzan a dejarse tocar (lamer, besar, acariciar) el culo.
Lo que sorprende de esto es que son los más jóvenes los más reacios. Los que más sienten “atacada” su virilidad cuando se les habla del tema, aunque también se da el caso de aquel con más de cuarenta que sigue pensado que “eso es de maricones”, pero nada más lejos de la realidad. Si una felación se acompaña de una buena estimulación anal el resultado es un orgasmo más intenso y largo. Pero, por su puesto, esto no es más que una opción íntima y personal.
Lo que sorprende de esto es que son los más jóvenes los más reacios. Los que más sienten “atacada” su virilidad cuando se les habla del tema, aunque también se da el caso de aquel con más de cuarenta que sigue pensado que “eso es de maricones”, pero nada más lejos de la realidad. Si una felación se acompaña de una buena estimulación anal el resultado es un orgasmo más intenso y largo. Pero, por su puesto, esto no es más que una opción íntima y personal.
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