viernes 27 de noviembre de 2009

Las malditas familias desestructuradas

Parece mentira en los tiempos en que vivimos que aún haya quien utilice expresiones como: -es que es madre soltera- o -es un niño de padres separados- como advertencia de que ambos no son de fiar.
Es para llevarse las manos a la cabeza, echarse a llorar o comportarse como una victima de una "familia desestructurada" y cometer un asesinato. Porque como todo el mundo sabe: los asesinos más peligrosos de la historia eran hijos de padres separados y madres solteras. Esto debe ser la razón, también, de que haya tanto maricón. No en vano el clásico modelo de familia instaurado hasta hace unos años, ha dado como resultado una sociedad ideal en la que todo fluye maravillosamente, no existe la violencia, ni el fracaso escolar, todo el mundo es heterosexual y la prostitución es para que las señoras casadas puedan seguir siendo mujeres decentes.
Ironías a parte, es realmente triste que aún existan conceptos tan arcaicos y que únicamente se entienda como familia respetable a la compuesta por un papá (infiel, si es posible), una mamá (amargada y desquiciada) una niña y un niño (espectadores involuntarios de las broncas de papá y mamá). Los tiempos han cambiado y las familias con ellos. Ser una persona brillante depende de muchas cosas: una de ellas haber crecido en un entorno óptimo, es decir, con cariño, seguridad y, obviamente, las necesidades básicas cubiertas, y esto tan sólo depende de la responsabilidad individual a la hora de crear una familia, aunque tampoco sea una garantía. Pero la libertad a la hora de relacionarse debería ser la máxima de una sociedad que pretende pasar por tolerante.

viernes 23 de octubre de 2009

La Cena Familiar

He de reconocer que siempre he sido muy reservada a la hora de hablar de mi familia, pero hay ocasiones en las que no queda más remedio que darle cierto protagonismo.

Hacía casi un año que salíamos juntos. Él era un tipo conservador y yo, yo estaba enamorada. Su condición de muchacho de bien y de buena familia, fue la principal razón de que meses antes organizara un encuentro oficial con toda su familia en el que me presentó como su futura esposa. Yo me sentí muy feliz. Así que tras eludir en varias ocasiones sus insistentes peticiones de conocer a la mía, le propuse una cena en casa de mis padres.

Fue durante una noche del recién estrenado otoño del noventa y nueve. Yo misma me encargué de la elección del menú, de la disposición de la mesa y de que no faltara ninguno de los miembros invitados de mi familia.

A las nueve menos cinco sonó el estridente timbre de la puerta. Era él, visiblemente tenso, pero emocionado. Se había puesto la camisa de seda que le regalé en su último cumpleaños. Estaba especialmente guapo aquella noche.
Le hice pasar para hacerle un breve recorrido por la casa antes de llevarle hasta el lugar que ocuparía en la mesa, con la intención de que se relajara y comenzara a sentirse cómodo. Después de ver mi dormitorio nos dirigimos al comedor. Allí nos esperaban todos. El silencio se hizo en la sala cuando entramos, así que comencé a hablar yo para destensar la situación. Él parecía algo sorprendido. Yo me limité a servir la cena, asegurándome de que todo fuera del agrado de todos, eso sí, sin dejar de hablar ni un solo momento.
De primero tomamos crema de verduras del tiempo al queso azul, de segundo una deliciosa merluza con guarnición de ostras escandinavas y de postre las típicas natillas caseras de mamá, con canela y menta. Él parecía entusiasmado con el menú aunque no hacía ningún comentario.
Una vez habíamos terminado le pregunté si querría café, en mi familia era costumbre tomarlo siempre después de cenar. Pero él dijo sentirse indispuesto, se disculpó y se marchó, no sin antes darme un estremecedor abrazo mientras me susurraba -¿por qué no ha venido tu familia, a qué estás jugando? Entre lágrimas le respondí que aquella era mi familia.

lunes 12 de octubre de 2009

Ella

Ella me está rondando. No se atreve a acercarse, pero no se marcha. Me vigila, me persigue, está atenta a cada uno de mis pasos. Pero no me mira a los ojos. No sé exactamente qué quiere de mí. No sé si es a mí a quien desea o sólo pretende recordarme que existe. Pero sigilosa aparece a cada instante, en que yo intento olvidarla.
No me atrevo a hablar de ella, no me atrevo a desafiarla, pero no me da miedo que me ronde. Sé que no se irá. Sin necesidad de hablar con ella, sé que me ofrece la paz eterna.
Se ha instalado en mi vida. Manteniendo una cierta distancia trata de seducirme. Es oscura y hermosa, pero no la deseo. Hay quien le teme, quién intenta evitarla, pero tarde o temprano todos se rinden a su belleza. Yo no sé por cuanto tiempo me resistiré a sus encantos, ni tampoco qué pasaría si me abandonara a sus deseos, pero poco se puede hacer, cuando te está rondando la Muerte.

viernes 2 de octubre de 2009

Te detesto

Con amor:
a casi todos los seres
que me cruzo a diario.




Hace tiempo que te lo quería decir, pero por circunstancias que seguramente no vienen al caso he estado un poco desconectada, pero que sepas y tengas en cuenta que te detesto.
Te desteto por tu estúpida forma de relacionarte con los demás, por el rol que ocupas en tu miserable círculo de seres parecidos a ti. Por como vives cada día consumiendo cualquier cosa que dan por el electrodoméstico más importante de tu horripilante casa: la televisión. Detesto que te atrevas a recomendarme algún libro, porque es uno más que debo eliminar de mi lista de “pendientes”. Lo mismo sucede con el cine. La música. Te detesto. Te desteto tanto, que compartir mesa contigo elimina mi voraz apetito. Desteto tu vulgar forma de expresarte, tus ademanes, el muro de tu mirada. Tu forma de interpretar las telas que te visten. Desteto tu desidia, tu rutina, tu falta de coraje ante lo mal que te trata la vida. Desteto la inercia que domina tu cotidianidad, que confundas la tranquilidad con el aburrimiento. Te detesto por tu bandera: la ignorancia, aunque aún así opines de todo. Pero lo que más desteto es que pienses que cuando me río, lo hago contigo.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Ley

Aquellos que no se avergüenzan de sus palabras las firman.

lunes 31 de agosto de 2009

Mi Barcelona

lunes 24 de agosto de 2009

Llámame guarra

Sí, llámame guarra porque no he cambiado las sábanas desde la última vez que tu sudor pasó por aquí y me recreo en tus huellas que no me dejan dormir. Llámame guarra porque disfrazo mis manos de ti, porque te busco dentro de mí y porque ya no quiero sin ti. Llámame guarra si busco lo único que tienes de “tipo duro” para jugar. Si necesito tu saliva para empezar, si enloquezco cuando pecas de la primera delicia capital. Llámame guarra si no puedo controlar el grito y la convulsión que provocas al amar, si balbuceo sin apenas respirar. Llámame guarra si con cada una de tus envestidas se me escapa un: -no pares jamás-. Llámame guarra si te toco y siento que ya estoy en mi hogar. Llámame. Llámame guarra si no dejo tu vicio reposar, si te bebo sin preguntar. Llámame guarra si mis silencios callan que nunca te dejaré de amar.