Una loca bajita, un “Queco” y yo

La hija de una amiga de seis años de edad, la niña no mi amiga, con un consolador en una mano y un preservativo en la otra me hace la siguiente pregunta:

Ella: ¿Vanessa esto qué es?
Yo: ¿De dónde has sacado eso?
Ella: Del cajón de la mesilla de mamá
Yo: Vaya por díos, no había otro sitio donde guardarlo ¿Tu papá pasa mucho tiempo fuera de casa verdad, bonita?
Ella: Si, Vanessa
Yo: Vaya y mamá se siente muy sola
Ella: No, estoy yo con ella
Yo: Ya ya, pues verás bonita esto es un juguete, para que jueguen las chicas mayores, tú tienes a Mister Potato y mamá tiene un Queco.
Ella: ¿Un Queco? ¿y dónde están los ojos para ponérselos, y la boca, y las manos y los pies?
Yo: Pues es que a este se los tienes que pintar tú.
Ella: ¿Y por qué mamá no le ha pintado nada todavía?
Yo: Se lo pintó pero se desgastó, ahora tú le tienes que pintar otra vez y verás que mamá se pondrá muy contenta. Ahora has de saber una cosita…
Ella: ¿Qué cosita?
Yo: Quizá a lo largo de tu vida te vuelvas a encontrar con algo parecido a un Queco, no va a ser de este tamaño, tú no te decepciones que el tamaño no importa, lo importante es que te dejen jugar con él.

Ella, un poco confundida miraba ahora el preservativo mientras planeaba la siguiente pregunta:

Ella: Vanessa y… ¿Entonces esto qué es?
Yo: Pues mira, es el vestidito del Queco.

Una vez dicho esto me dispongo a abrir el “vestidito” deseando en lo mas profundo de mi alma que ya no hubiera mas preguntas. Vestido el Queco, a ella aún le quedaba alguna duda.

Ella: Pero Vanessa, con este vestido ni le puedo pintar, ni podrá respirar el Queco y además es transparente, sigue desnudo y está pringoso ¡¡¡buuaaggg!!!
Yo: (Suspiro) Lo mismo debió pensar tu madre hace algunos años… Bueno es como la plastilina y te gusta mucho, anda trae unas tijeras que el Queco va a respirar.
Ella: Vanessa espera, primero le voy a pintar la cara, quítale el vestido.
Yo: ¡¡Vale!!

Diez minutos más tarde.

Ella: Vanessa ya se porque a mamá no le gusta que papá viaje tanto, es que este Queco es muy aburrido. La madre de mi amiga Ana tiene uno que baila y este no hace nada ¡Toma, no lo quiero!

La niña me deja sola en el comedor con un consolador pintado, mientras yo me pregunto… ¿Por qué no le he dicho que era la enorme polla de goma que se metía su mamá cuando está cachonda y su papi no está?

El cariño y la decoración son incompatibles

Quien no ha ido a una de esas casas en las que la puerta esta presidida por un azulejo pintado a mano en el que se puede leer cosas tales como: “Que Jesucristo proteja a esta casa y a sus habitantes” y una vez dentro de la protegida casa uno se encuentra con un recibidor lleno de “recuerdos” entre los que se encuentra un platito de cinco centímetros de diámetro en el que pone: “te quiero, mamá” y entonces uno piensa que algo así no puede ser fruto del amor a una madre sino del más profundo y arraigado de los odios, es la única explicación que yo encuentro. Claro que no menos preocupante es el libro de piedra que se halla junto al platito con una fecha que siempre coincide con el catorce de febrero de algún año en el que el enamorado/a ha querido dejar constancia de que la creatividad a la hora de hacer regalos no es lo suyo ó aun peor, que esperó al último momento, por lo tanto ¿realmente había amor en ese mensaje?. Qué importa, si todas las carencias afectivas se ven compensadas por esa figurita de escayola que el pequeño de la familia ha pintado en la escuela con dudoso gusto y peor pulso, que de no ser por su tierna edad podría parecer que detrás de tan preciada obra lo que en realidad hay es mala leche.
Y es que no se puede tener todo en esta vida; o se vive con gusto o con cariño, pero las dos cosas son incompatibles, de modo que por esta razón en breve se llenaran las ciudades de corazones horteras de cartulina roja, fieltro, papel de aluminio, etc, para recordar de insistente forma que el "cariño" está por encima del gusto para la gran mayoría.

Terapia de Grupo

Hola me llamo Vanessa y soy vidadicta.
Hace veintinueve años que padezco de este mal, y no logro desintoxicarme.
Al principio todo parecía muy normal, casi todos los niños sonríen, juegan, derrochan alegría, nada hacia presagiar que yo no sería como los demás.
Después, con el tiempo, empecé a gastar las emociones, no hay nada mejor para terminar con las ganas de vivir de cualquiera, pues nada, apenas me duraban unos días las intenciones de no seguir con la vida. Rápidamente me recuperaba y volvía a consumir vida, con mas energía si cabe, y así una y otra vez. He llegado incluso a juntarme con verdaderos chupadores de vidas ajenas, pues ni por esas, al final siempre consigo deshacerme de ellos y me vuelvo a enganchar a la vida.
Por último, ya desesperada por mi adicción, decidí apostar toda mi ilusión en un ser humano, me enamoré, y estuve a punto de perderla de verdad, pero no fue más que un espejismo, nada cambió en mí.
Lo peor es que todo lo que gano lo gasto en vivir, y además soy consciente de que estoy enganchando a más gente pero es que no me remuerde la conciencia.
A veces, pienso que soy un monstruo. No sé que hacer, no le veo salida a esto, me gusta demasiado estar viva.

Corazones abiertos

Rosa, mientras me hablaba de que la diferencia de edad entre parejas no es un problema, me contó que su abuelo era bastante mayor que su abuela, y que cuando ella era una niña sus dos abuelos le parecían muy viejos, pero le hacia mucha gracia que su abuelo siempre llamara Niña a una anciana de pelo blanco.

Paqui, en la sala de espera de urgencias entre soledad y miedo, me contó que se casó muy jovencita, que no sabía nada de sexo y que se asustó mucho al ver a su marido desnudo en la noche de bodas, así que él la abrazó tiernamente, y esa noche durmieron abrazados. Unos días después él le propuso un juego, cada uno se quitaría una prenda y por cada prenda un beso.. Así aprendió Paqui a hacer el amor.

Ana, emocionada por mi dedicatoria a Marta, me contó que los amigos son aquellos que vienen sin necesidad de llamarlos y que estando en Londres, sin nada que llevarse a la boca, su amiga, que tenía sólo un poquito, lo compartió con ella.

Cati, con lágrimas en los ojos, me dice que es feliz, que a aprendido a no mentir y que lo único que no va a superar nunca es haber hecho daño a Manolo, porque es la mejor persona que ha conocido nunca y reconoce que nadie la va a querer como la quiere él, aunque ella no puede corresponderle.

Jimy, entre sonrisas irónicas, me contó que cuando su mujer se quedó embarazada del cuarto hijo casi les cuesta el divorcio porque él estaba operado de vasectomía desde hacia años, así que pasó por cornudo delante de todo el mundo, aunque él confiaba en su mujer. Ahora ha ganado una demanda al laboratorio que afirmo que su semen ya no era fértil.

La señora de la ferretería, mientras me cobraba, me contó que hacia siete años de la muerte de su marido, que habían estado juntos mas de cuarenta y que en estos siete años sola no había aprendido a vivir sin él y echaba de menos cosas como encontrarse sus zapatillas en la entrada de la casa, cosa que le molestaba mucho cuando él vivía.

Alas


No conviene olvidarse de la realidad. Las alas pueden volar, pero los pies han de seguirlas, para que el vuelo llegue a ser algo más que un sueño. Evitar las piedras del camino, no es más que cortar las alas de aquel que se atreve a soñar y por lo tanto no lo está (loco).