Situación Embarazosa 28.237: “Esos locos bajitos”

Resulta que hoy el gerente ha traído a la oficina a su linda hijita de siete años, y por alguna extraña razón y después de tocarlo todo, ha terminado sentada en mi mesa haciéndome un tercer grado sobre mi vida privada. Ha empezado preguntándome si tenía novio, si me gustaban los tangas, incluso me ha preguntado si me gustaba su papá, pero lejos de parar ahí la inquieta y curiosa niña ha seguido hasta que la conversación ha llegado al siguiente punto:

Ella: ¿Sabes que voy a tener una prima nueva que se va a llamar como tú?
Yo: Anda mira que bien...
Ella: Si, a mí me gustaba más Elisa (ella se llama Elisa) pero bueno… Oye, Vanessa….
Yo: ¿Si?
Ella: ¿Tú sabes cómo se hacen los niños?

MOMENTO DE BLOQUEO TOTAL

No sabía que decirle, ¿le contaba lo de la semillita de su papá y la plantita de su mamá? ó ¿la historia del amor? No sé, me pareció muy complicado y además corría el riesgo de meterme en un problema, al fin y al cabo su padre es mi jefe.

Yo: Esto… ¿Sabes por qué yo no tengo niños?
Ella: No ¿por qué, Vanessa?
Yo: Pues porque no sé cómo se hacen.

La niña pone cara de sorpresa y yo comienzo a pensar en voz alta: -Claro que si Miguel (el director creativo) me quisiera enseñar como se hacen…- Justo en este momento la niña salta de mi mesa, abre la puerta de mi despacho y con su estridente voz grita: -¡¡¡¡Miguel, ¿puedes venir? a Vanessa le gustaría que le enseñaras a hacer niños!!!!. La niña me mira con ilusión, con la satisfacción de haber hecho lo correcto y la alegría de solucionar su curiosidad y mi ignorancia. A mí se me acelera el corazón al ritmo que siento los pasos de Miguel acercarse a mi despacho.

Suerte que el director creativo es realmente creativo y ha solucionado el problema con una invitación a cenar. Quien sabe si el lunes llamo a Elisa y le aclaro sus dudas ;-)

Se acabó

Hoy termina la tortura de no merecer la verdad y comienza el tiempo en que recupero mi nombre: VANESSA

Confusión de funcionalidades

Hoy es uno de esos días en los que me piensa el corazón y como es un idiota no se sabe expresar, por eso no me permite compartir lo que siento, porque no sabría cómo hacerlo. Le sería imposible hablar de lo mucho que le cuesta latir cuando las razones son puramente técnicas, de lo rápido que va cuando mi piel le avisa de que SU mano esta cerca y ni mucho menos sería capaz de describir la parálisis del sístole cuando mi mano LE dice adiós.

Lo peor de que me piense el corazón es que se acelera tanto que a veces me asusta porque pareciera que quisiera escapar de mi cuerpo y la verdad es que lo entendería. Ya me abandonaron el alma y la alegría. Claro que ninguna de estas dos era la responsable de llevar el oxigeno al resto de mi cuerpo. Bueno, no sé.

Los pensamientos de mi corazón no me traen más que problemas, ahora dice que se siente solo. Que los pulmones se tienen el uno al otro, que los riñones igual, los ojos, las manos, incluso los pies y que mi vesícula biliar se corrompió por la soledad. Y es en este momento en el que yo me siento culpable. Tanta mala leche acumulada… En fin. Cuando el corazón se pone así me preocupa. Se entromete, pide sin valorar las consecuencias y me obliga a tomar decisiones cuando en realidad quien lleva la voz cantante es el hipotálamo, que aunque chiquitito y discreto al final es el que decide. Yo no soy más que la portavoz de sus decisiones y hoy yo no tengo nada que decir.

Una llamada de teléfono…

Él: -Hola.
Ella: -Hola. Vaya, qué sorpresa.
Él: -Sí, lo sé. Estoy en el aeropuerto.
Ella: -¿Te vas de vacaciones?
Él: -Estoy en el aeropuerto de Barcelona. Necesito verte.
Ella: (Silencio y suspiro) -Vaya, llegas cuatro años tarde.
Él: -No, llego cuando más me necesitas y cuando ya no podía respetar más tu vida.
Ella: -Mira, no entiendo nada. ¿Cuánto hace que no hablamos?
Él: -Tres años, cinco meses y doce días, ya sabes como soy.
Ella: -Si, lo sé.
Él: -Tienes la voz temblorosa. Como cuando te pedí que no te fueras. Como cuando enloquecías de pasión entre mi boca, mis brazos…
Ella: -Para, ya sé a donde quieres llegar… Por favor, vuelve a subirte al avión y no me compliques la vida.
Él: -No voy a complicarte la vida. Vengo a vivirla contigo. No voy a irme sin ti. Espero que tengas sitio en tu casa.
Ella: -Estás loco.
Él: -Como una cabra.
Ella: -Dame veinte minutos.
Él: -Son demasiados.
Ella: -Venga hombre, ahora no te puede venir de unos minutos.
Él: -Ni un minuto más, ni uno más. Cada minuto que pasa sin ti me siento más imbécil y odio sentirme así.
Ella: -Dime que no has traído al perro.
Él: (Risas) -Sigues siendo una miedosa. Tranquila, sólo te morderé yo.
Ella: (Risas) -¿Cuando me despierte estarás cerca para recordarme que esto no es ficción?
Él: -Me pillo un taxi, dame la dirección exacta de tu casa…
Ella: -Espera no, quedamos en otro sitio.
Él: -Perfecto después de que te haya hecho el amor decides dónde quedamos. ¿Calle…?