lunes, 20 de noviembre de 2006

A un hombre sencillo de corazón complejo


T
reinta y un años, y no es a ti a quien debo felicitar, sino a tus padres por traerte a este mundo.


Y no hablaré de tiempo, no lo clasificaré en días, ni semanas, ni meses porque lo nuestro no puede valorarse por duración si no por entrega y esta es ilimitada. Como aquellos fines de semana en los que éramos incapaces de contar cuantas veces habíamos hecho el amor, porque era la constante entre nosotros. Ahora, lejos el uno del otro y curada, por fin, de mi adición a las dosis diarias de felicidad que me producía tu presencia en mi vida, no me queda otra que agradecerte tanto como me has dado, hasta el punto de transformarte en quien no eras para llegar a mí. Craso error que nos ha costado un proyecto de vida, aún así te lo agradezco. Y el hijo que no tuvimos también te da las gracias porque no era el momento. Tampoco era el momento para nosotros, esta vida es demasiado pobre para soportar tanto amor y sólo las historias mediocres duran toda la vida, porque el amor, el de verdad, es una enfermedad con la que no se puede vivir mucho tiempo. Y me quedo con eso y con el recuerdo de nuestra primera vez, en la que me desvirgaste el alma entre sudor, semen y “te quieros”. Ahora disfruta, disfruta de ti. Vívete, porque el camino es largo y el destino inevitable.
Feliz cumpleaños.

Pd.: dile que te despierte a besos, que te sirva el café siempre después de comer, que no te haga limpiar el polvo, que te ayude a vestirte por las mañanas, que te compre yogures griegos, que te regale películas y que nunca te gane a ningún juego que tienes mal perder, pero sobre todo dile que te de, al menos, la mitad de lo que tú le vas a dar. Y que no olvide que tu 1´92 es sólo para disimular que, en realidad, eres muy pequeño.