Hoy ha sido el día. Supongo que llevaba semanas pensándolo. O quizá no. O quizá sí. O no sabe ni lo que quiere, pero está claro que a mí no. Y me lo ha dicho así, sin más, con la serenidad del verdugo que baja el hacha hasta que siente como el cuello del sentenciado a muerte cruje al cortarse mientras el afilado filo separa de un golpe seco la cabeza del cuerpo, aun caliente y sangrante. Sí, algo así ha sido.
Y yo que no lloro ya por nada, salvo por todo aquello que me hace llorar, me he subido digna al metro, disfrazada de una de esas gilipollas que van con gafas de sol incluso a varios metros bajo tierra. Lástima que a mí me lata el corazón. Así que me he colocado los cascos del mp3, he dado al play y ha comenzado a sonar una guitarra eléctrica. Mientras la luz se iba oscureciendo, y la gente ha comenzado a moverse al son de la música que hasta ese momento pensaba que sonaba sólo para mí, así que para no ser menos yo también he comenzado a bailar hasta que no sé de qué manera ha aparecido un micrófono en mi mano y al mirarme en una de las ventanas no me he reconocido. Mi pelo había crecido, mis pantalones ensanchado, mi camiseta se había convertido en una blusa semitransparente y suelta y mis zapatos habían desaparecido. Estaba fea de cojones. Pero he comenzado a gritar: -Didn't I make you feel like you were the only man -yeah! Didn't I give you nearly everything that a woman possibly can? Honey, you know I did! And each time I tell myself that I, well I think I've had enough. But I'm gonna show you, baby, that a woman can be tough-.
Todo el mundo estaba enloquecido, bailando y dando palmas. Yo recorría el metro, micrófono en mano, girando sobre mí misma sin parar de cantar. Al fondo un chico negro tocaba la guitarra. Me he acercado hasta él y hemos cantado juntos: -Take another little piece of my heart now, baby! oh, oh, break it! Break another little bit of my heart, now darling, yeah, c'mon now. oh, oh, have a. Have another little piece of my heart now, baby. You know you got it -whoahhhhh!!-.
En este momento se ha unido incluso el conductor del metro, que agitando su melena ha animado a un chaval postrado en silla de ruedas, que de la manera más natural ha saltado de la silla para bailar con todos los demás y entonces todos juntos hemos cantado: -Come on, come on, come on and take it. Take it! Take another little piece of my heart now, baby!-.
-Din don din. Próxima estación: Paseo de Gracia-.
Y yo que no lloro ya por nada, salvo por todo aquello que me hace llorar, me he subido digna al metro, disfrazada de una de esas gilipollas que van con gafas de sol incluso a varios metros bajo tierra. Lástima que a mí me lata el corazón. Así que me he colocado los cascos del mp3, he dado al play y ha comenzado a sonar una guitarra eléctrica. Mientras la luz se iba oscureciendo, y la gente ha comenzado a moverse al son de la música que hasta ese momento pensaba que sonaba sólo para mí, así que para no ser menos yo también he comenzado a bailar hasta que no sé de qué manera ha aparecido un micrófono en mi mano y al mirarme en una de las ventanas no me he reconocido. Mi pelo había crecido, mis pantalones ensanchado, mi camiseta se había convertido en una blusa semitransparente y suelta y mis zapatos habían desaparecido. Estaba fea de cojones. Pero he comenzado a gritar: -Didn't I make you feel like you were the only man -yeah! Didn't I give you nearly everything that a woman possibly can? Honey, you know I did! And each time I tell myself that I, well I think I've had enough. But I'm gonna show you, baby, that a woman can be tough-.
Todo el mundo estaba enloquecido, bailando y dando palmas. Yo recorría el metro, micrófono en mano, girando sobre mí misma sin parar de cantar. Al fondo un chico negro tocaba la guitarra. Me he acercado hasta él y hemos cantado juntos: -Take another little piece of my heart now, baby! oh, oh, break it! Break another little bit of my heart, now darling, yeah, c'mon now. oh, oh, have a. Have another little piece of my heart now, baby. You know you got it -whoahhhhh!!-.
En este momento se ha unido incluso el conductor del metro, que agitando su melena ha animado a un chaval postrado en silla de ruedas, que de la manera más natural ha saltado de la silla para bailar con todos los demás y entonces todos juntos hemos cantado: -Come on, come on, come on and take it. Take it! Take another little piece of my heart now, baby!-.
-Din don din. Próxima estación: Paseo de Gracia-.
Todo ha vuelto a la aparente normalidad, he recuperado mi aspecto inicial, los pasajeros han seguido con su trayecto y yo me he bajado del metro, con un terrible dolor de garganta.