miércoles 28 de julio de 2010

Puertas

Una habitación. Un pequeña habitación llena de puertas. Mi puerta es blanca, lisa, limpia y brillante.
Hay muchas puertas, demasiadas, no puedo contarlas porque las puertas aparecen y desaparecen. Mi puerta es la única que no se mueve y sigue siendo la más blanca, lisa, limpia y brillante. Pero a mí me llaman la atención las otras, me atraen sus brillantes colores. Me seduce pensar que habrá detrás y juego a inventarme la perfección de su interior.
 
Hace algún tiempo no pude controlar mi curiosidad y abrí una de las puertas. Era más grade que las demás, parecía de madera maciza y no lo pude resistir, pero tras ella no había más que agua y se inundó la habitación. Pasó mucho tiempo hasta que conseguí sacar todo el agua, casi me ahogo. Pero mi curiosidad continuó intacta y al poco tiempo volví a intentarlo con otra. Ésta contenía un yermo desierto de arena, cactus y escorpiones que me hizo desaparecer bajo la arena. Tras mucho esfuerzo conseguí limpiar de nuevo la habitación y volvieron a lucir las puertas.
 
Descansé algún tiempo y me limité a observar el ir y venir de todas ellas, hasta que comprendí que al igual que las puertas, la habitación también iba cambiando y que una misma puerta parecía muy diferente si cambiaba la luz, el color de la pared o el del suelo. Yo misma iba cambiando en función de la experiencia de cada puerta, a veces, incluso llegué a preguntarme si yo sería una puerta más.