Hoy ha sido el día. Supongo que llevaba semanas pensándolo. O quizá no. O quizá sí. O no sabe ni lo que quiere, pero está claro que a mí no. Y me lo ha dicho así, sin más, con la serenidad del verdugo que baja el hacha hasta que siente como el cuello del sentenciado a muerte cruje al cortarse mientras el afilado filo separa de un golpe seco la cabeza del cuerpo, aun caliente y sangrante. Sí, algo así ha sido.