miércoles 9 de diciembre de 2009

Un atraco civilizado

Eran las siete y media de la mañana cuando dirigiéndome hacia el hospital un chico, con evidentes signos de drogodependencia, se me acerca con la intención de atracarme. Por suerte yo no llevaba nada encima, más que mi instinto de supervivencia.
Tras explicárselo, recuerdo que además de esto último, en mi bolsillo derecho del abrigo, llevo algo que puede interesarle y así librarme de él sin demasiados problemas. De modo que en un acto de generosidad, por mi parte, le entrego al chico un bote, perfectamente envuelto, fingiendo la angustia de alguien que entrega lo más preciado. Inmediatamente después salgo corriendo no por miedo, sino para no presenciar la reacción del desafortunado atracador al comprobar que en el interior del bote lo que había era una muestra de mis deposiciones matutinas, para ser analizadas en el hospital.