La Cena Familiar

He de reconocer que siempre he sido muy reservada a la hora de hablar de mi familia, pero hay ocasiones en las que no queda más remedio que darle cierto protagonismo.

Ella

Ella me está rondando. No se atreve a acercarse, pero no se marcha. Me vigila, me persigue, está atenta a cada uno de mis pasos. Pero no me mira a los ojos. No sé exactamente qué quiere de mí. No sé si es a mí a quien desea o sólo pretende recordarme que existe. Pero sigilosa aparece a cada instante, en que yo intento olvidarla.

Te detesto

Con amor:
a casi todos los seres
que me cruzo a diario.



Hace tiempo que te lo quería decir, pero por circunstancias que seguramente no vienen al caso he estado un poco desconectada, pero que sepas y tengas en cuenta que te detesto.

Te detesto por tu estúpida forma de relacionarte con los demás, por el rol que ocupas en tu miserable círculo de seres parecidos a ti. Por como vives cada día consumiendo cualquier cosa que dan por el electrodoméstico más importante de tu horripilante casa: la televisión. Detesto que te atrevas a recomendarme algún libro, porque es uno más que debo eliminar de mi lista de “pendientes”. Lo mismo sucede con el cine. La música. Te detesto. Te detesto tanto, que compartir mesa contigo elimina mi voraz apetito. Detesto tu vulgar forma de expresarte, tus ademanes, el muro de tu mirada. Tu forma de interpretar las telas que te visten. Detesto tu desidia, tu rutina, tu falta de coraje ante lo mal que te trata la vida. Detesto la inercia que domina tu cotidianidad, que confundas la tranquilidad con el aburrimiento. Te detesto por tu bandera: la ignorancia, aunque aún así opines de todo. Pero lo que más detesto es que pienses que cuando me río, lo hago contigo.