El amor según el sexo
Ella dibuja en su mente la siguiente escena:
Sábado por la mañana en una casa de campo al sur de Italia. El sol acompañado de un dulce aire primaveral entra por una entreabierta ventana haciendo bailar a unas bordadas y sinuosas cortinas de seda marfil. Él se despierta y busca con sus manos el cuerpo desnudo de su amada, aún dormida. Recorre sus caderas bajo las blancas sábanas de hilo, sube por su cintura, acaricia suavemente uno de sus pechos y llega hasta el hombro derecho, retira con sumo cuidado el cabello y besa su cuello susurrando: -Estás tan hermosa dormida-. Ella abre levemente sus ojos y recibe el primer beso del día, con la calidez que sólo el verdadero amor es capaz de hacer sentir. Justo después de esto un precioso niño rubio, de no más de tres años, entra sin llamar pidiendo el desayuno, le invitan a entrar en la cama mientras los tres bromean sobre quién lo preparará.
Él dibuja en su mente la siguiente escena:
Ella desnuda a cuatro patas gritando como posesa: -Fóllame, cabrón-.
Sábado por la mañana en una casa de campo al sur de Italia. El sol acompañado de un dulce aire primaveral entra por una entreabierta ventana haciendo bailar a unas bordadas y sinuosas cortinas de seda marfil. Él se despierta y busca con sus manos el cuerpo desnudo de su amada, aún dormida. Recorre sus caderas bajo las blancas sábanas de hilo, sube por su cintura, acaricia suavemente uno de sus pechos y llega hasta el hombro derecho, retira con sumo cuidado el cabello y besa su cuello susurrando: -Estás tan hermosa dormida-. Ella abre levemente sus ojos y recibe el primer beso del día, con la calidez que sólo el verdadero amor es capaz de hacer sentir. Justo después de esto un precioso niño rubio, de no más de tres años, entra sin llamar pidiendo el desayuno, le invitan a entrar en la cama mientras los tres bromean sobre quién lo preparará.
Él dibuja en su mente la siguiente escena:
Ella desnuda a cuatro patas gritando como posesa: -Fóllame, cabrón-.
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