La importancia de la coordinación
El Síndrome de La Fea
Varios son los síntomas de las mujeres que padecen este síndrome, victimas todas ellas de una sociedad que las juzga y las llama putas. Aunque a priori pueda parecer que no exista relación alguna entre estos términos.
La mujer que padece el Síndrome de la Fea, es casi siempre fea, desagradable, de facciones casi insultantes a la vista humana, de cuerpo mal formado y desgarbado, incluso su voz puede ser, en ocasiones, un acompañamiento perfecto a todo lo anterior. Esto que aparentemente pudiera afectar únicamente a su aspecto físico condiciona, inevitablemente, su forma de relacionarse con el entorno, mostrándose en ocasiones como frívolas e insensibles para no dejar ver el terrible sufrimiento con el que viven a diario.
Para analizar con detalle el comportamiento de estas mujeres me haré valer de un ejemplo: Mierda.
Mierda tiene veintinueve años. Es poco agraciada físicamente manteniendo una prefecta armonía de malformación en todo su cuerpo. La expresión de su cara es de constante asco y su cutis es el fiel reflejo de la mala vida y las drogas.
Mierda no tiene vida privada, vive por y para el trabajo, donde ha encontrado su refugio, lejos de las niñas que la insultaban en el colegio. Viste como si fuera una estrella del pop y se comporta como si fuera divina. Odia a todas las mujeres de su entorno, especialmente si éstas destacan por su belleza. Busca, incesantemente, llamar la atención del macho comportándose para ello como la zorra que en realidad no es. Esto último la llena de confusión y la obliga a inventarse cosas como que todos los hombres que la conocen se enamoran perdidamente de ella, cuando en realidad la usan, normalmente, como objeto sexual, lo que la ha llevado a no conocer el placer del sexo por lo tanto esta nueva carencia se suma a las anteriores, creándose una espiral de autodestrucción que ella palia tratando de destruir todo aquello que considera una amenaza, ya que, como toda fea ha desarrollado el arte de la manipulación mezclando el victimismo con el irrefrenable odio que siente por la sociedad que tanto la castiga.
Esther Iglesias Caño
Este es sólo un ejemplo, para identificar a las victimas del Síndrome de la Fea. Obviamente pueden existir variaciones de comportamiento, pero a grandes rasgos Mierda sería el perfil de esta patología.
Es importante no confundir a una zorra con una mujer que sufra el Síndrome de la fea, ya que como se puede ver en el ejemplo no es sexo desenfrenado lo que buscan sino la sensación de sentirse deseadas. Es la forma en que su instinto de supervivencia trata de nivelar las miles de veces que se han visto despreciadas y repudiadas.
La mujer que padece el Síndrome de la Fea, es casi siempre fea, desagradable, de facciones casi insultantes a la vista humana, de cuerpo mal formado y desgarbado, incluso su voz puede ser, en ocasiones, un acompañamiento perfecto a todo lo anterior. Esto que aparentemente pudiera afectar únicamente a su aspecto físico condiciona, inevitablemente, su forma de relacionarse con el entorno, mostrándose en ocasiones como frívolas e insensibles para no dejar ver el terrible sufrimiento con el que viven a diario.
Para analizar con detalle el comportamiento de estas mujeres me haré valer de un ejemplo: Mierda.
Mierda tiene veintinueve años. Es poco agraciada físicamente manteniendo una prefecta armonía de malformación en todo su cuerpo. La expresión de su cara es de constante asco y su cutis es el fiel reflejo de la mala vida y las drogas.
Mierda no tiene vida privada, vive por y para el trabajo, donde ha encontrado su refugio, lejos de las niñas que la insultaban en el colegio. Viste como si fuera una estrella del pop y se comporta como si fuera divina. Odia a todas las mujeres de su entorno, especialmente si éstas destacan por su belleza. Busca, incesantemente, llamar la atención del macho comportándose para ello como la zorra que en realidad no es. Esto último la llena de confusión y la obliga a inventarse cosas como que todos los hombres que la conocen se enamoran perdidamente de ella, cuando en realidad la usan, normalmente, como objeto sexual, lo que la ha llevado a no conocer el placer del sexo por lo tanto esta nueva carencia se suma a las anteriores, creándose una espiral de autodestrucción que ella palia tratando de destruir todo aquello que considera una amenaza, ya que, como toda fea ha desarrollado el arte de la manipulación mezclando el victimismo con el irrefrenable odio que siente por la sociedad que tanto la castiga.
Esther Iglesias Caño
Este es sólo un ejemplo, para identificar a las victimas del Síndrome de la Fea. Obviamente pueden existir variaciones de comportamiento, pero a grandes rasgos Mierda sería el perfil de esta patología.
Es importante no confundir a una zorra con una mujer que sufra el Síndrome de la fea, ya que como se puede ver en el ejemplo no es sexo desenfrenado lo que buscan sino la sensación de sentirse deseadas. Es la forma en que su instinto de supervivencia trata de nivelar las miles de veces que se han visto despreciadas y repudiadas.
Lentejas con chorizo
Es uno de los pocos platos que se cocinar ó mejor dicho que se hacer bien.
Hubo un tiempo en el que cocinaba de forma natural, a diario. No reparaba en lo mucho que significaba aquello.
Hace más de un año que no cocino, sólo de forma puntual, sólo cuando mi casa se llena de él. Entonces preparo mis lentejas con chorizo sin importar si es verano ó invierno, son un símbolo de hermandad y felicidad, por eso tan sólo dos personas las han probado.
Los restaurantes son para las cosas que empiezan, para las que acaban, para las celebraciones puntuales y para las personas sin hogar.
La comida casera es, después de hacer el amor, la mayor muestra de afecto que existe.
Hubo un tiempo en el que cocinaba de forma natural, a diario. No reparaba en lo mucho que significaba aquello.
Hace más de un año que no cocino, sólo de forma puntual, sólo cuando mi casa se llena de él. Entonces preparo mis lentejas con chorizo sin importar si es verano ó invierno, son un símbolo de hermandad y felicidad, por eso tan sólo dos personas las han probado.
Los restaurantes son para las cosas que empiezan, para las que acaban, para las celebraciones puntuales y para las personas sin hogar.
La comida casera es, después de hacer el amor, la mayor muestra de afecto que existe.
Todo está bien.
Dicen que en un accidente de tráfico a la primera victima que se ha de socorrer es a la que menos se queja porque es, con toda seguridad, la que peor está. Pues bien, lo mismo sucede con los “accidentes” del alma, normalmente el que peor está es el que menos se queja.
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