Campanadas 2006

  1. A mi modisto, por enseñarme tanto de la vida, el amor y la pareja, entre puntada y puntada.
  2. A Carmelo, por acordarse de mis gustos musicales y regalarme toda la década de los 80 del pop español.
  3. A Ana, por avisarme con tanta ilusión de que había llegado El Paquete.
  4. A Carlos, por ser genial y por aquella instancia (que aún tengo que rellenar).
  5. A Jorge, por crujirme como nadie, por seguirme “el rollo” y, como no, por el preciado helio.
  6. A Rosita, por cuidarme como a una niña (es que hasta me da de comer).
  7. A Nabil y a su familia, por haberme hecho vivir el cuento de Las Mil y Una Noches.
  8. A Xavi, por ser, a su manera, mi amigo.
  9. A Marta, por haber estado ahí como la mas firme de las columnas.
  10. A David, por valiente, por aguantar, por luchar y por ganar en la partida de la vida.
  11. A Michael, por haber llegado como un huracán y después quedarse, conmigo, como la más dulce de las brisas marinas.
  12. A , sin mí nada sería posible.

Logaritmo de vida


La felicidad es algo que se aprende. Aquel al que no le enseñan a ser feliz en la infancia, posiblemente no lo aprenda nunca.

Red

Paseando por el valle cibernético, paraíso invertido de la soledad humana, hallé el cambio.
Me situé en el lugar del principio, anuncio inminente del final presente.
Me divertí, jugué, aprendí a no querer queriendo, a mentir y a morir por dentro, mientras vivía por fuera con la mentira de no saberme engañada.
Sabia en mi ignorancia, me creía dueña de mí y mis pensamientos, cuando en realidad estaban al alcance de la manipulación de cualquier terrorista, y yo había dejado de ser mía, para ser de Nadie.
En mi paseo me encontré con los seres de alma, pero sin voz. Conocí a los humanos sin sueños. A los inmigrantes de la realidad con la moral frustrada. A los espíritus del purgatorio. A los monstruos de un solo ojo... Y a Nadie, también conocí a Nadie. Dueño de mí sin justificación aparente, pero con razones de sobra, en las que se basaba para mantenerme aquí, quieta, frente a Él, sin miedo, pero temblando por la novedad de no entender nada y sentir todo.

NOTA: este texto tiene más de cinco años.

Y se hizo la paz…

Al final todo pasó, todo transcurrió como debía. El amor se convirtió en dolor, el dolor se convirtió en odio, el odio en asco y el asco en indiferencia. Pero esta indiferencia aún permite ver que el amor no sólo es ciego, sordo y mudo sino también tonto, que a menudo junta a personas que debieran no haberse conocido nunca.

Ahora todo es tranquilidad y (casi) felicidad. Trato de analizarlo, porque es la primera vez en toda mi vida que me siento así y por novedoso y distinto aún cuesta creer que sea posible. Pero después de varios paseos por la playa, sola, he encontrado la razón: soy (casi) feliz porque nadie me hace daño.

Y sigo luchando, porque soy una guerrera espartana y es lo único que se hacer en la vida, pero ahora la guerra no es para defenderme de nadie, sino para construir un pequeño nuevo mundo apartado de toda civilización donde respirar.

Perdona que no te mire a los ojos, pero ahora no podrías soportarlo.

La (cutre) nueva generación

Ó la sociedad, sus cambios y sus victimas.
Un ligero cambio se está dando en los últimos tiempos, no sé si para mejor o para peor, pero su patetismo es un tanto llamativo a la par que triste.
Se trata de jóvenes (en su mayoría superan los treinta) que un día se miraron al espejo, se vieron la zona púbica poblada de vello y decidieron que eran adultos, por lo tanto el momento de emanciparse de sus pacientes papis. Es aquí donde nos encontramos con la nueva cutre generación. Estos individuos independientes pasan a cohabitar en un piso con mínimo tres personas más, de características similares. Características similares en cuanto a forma de vestir, no tienen para pagar una vivienda “digna” pero frecuentan las tiendas de renombre y visten camisas de 200 euros; en cuanto a aspiraciones, esperan a tener pareja estable para compartir una hipoteca; salen de copas todos los fines de semana, en algún sitio tendrán que vacilar de la camisa de marca que les disfraza de alguien que no son. Todo esto y algún detalle más, como lucir un par de aparatitos de vanguardia tecnológica y quejarse constantemente del precio de la vivienda, los diferencian de aquellos que aún forman parte de la nueva generación y saben luchar manteniendo una lógica coherente en cuanto a prioridades.

Ahí queda eso, menos lloriqueos y más coraje.

Un verdadera razón




S
e llama Marta, tiene una de esas sonrisas que dicen cosas y ocupa en mi vida, desde hace un tiempo, un papel hasta que ella llegó inexistente para mí: la mejor amiga.

Es tímida hasta al extremo y la mayor parte del tiempo lo pasa con un rojo bermellón imposible de disimular en su rostro.
Recuerdo que cuando nos conocimos ella vivía sola, de alguna manera yo también, y encontramos ese punto de equilibrio en el que yo le empujaba y ella me sostenía.

Pasó el tiempo y la vida nos dio un giro inesperado: ella encontró su paraíso y yo lo perdí. Pero ella tiene ese don de la humildad, y sabe vivir la felicidad sin que escueza al que la ha perdido. Y no le gusta hablar por teléfono, pero sabe llamar para decir, simplemente (nada más y nada menos): -Hola Reina ¿cómo estás?-. Y yo le cuento mil y una batallas, y reímos juntas, y hacemos planes y me comprende como jamás me ha comprendido nadie, sin juzgarme ni intentar cambiarme.

Lo que ella no sabe es que cuando todo se desmoronó, cuando todo se perdió, cuando ya no quedaba nada, ella fue el pilar que hoy me tiene, de nuevo y de puntillas, a punto de tocar la felicidad.

Gracias Amiga.