A todas aquellas que odian a los hombres

Pequeño análisis:
- Cada vez salen más del armario (no son odiables).
- A según que edades la mayoría están en pareja (no son odiables).
- El resto se recupera del fracaso de su última relación (tampoco son odiables, pobres)

Conclusión: se acabó el objeto de odio, no quedan hombres.

Estado civil: viuda

Pues sí mi Manolo se ha muerto. Después de tantos años juntos. El pobre no pudo resistirlo y se fue, pobre. La verdad me acuerdo mucho de él, era un buen hombre, gracias a mí, dicho sea de paso, pero lo era, que es lo importante al fin y al cabo. Nos conocimos siendo muy jóvenes. Aún recuerdo las pintas que tenía, y lo mucho que me costó que pareciera un hombre decente, pero es que mi Manolo era como un niño grande, porque era grande y gordo, no nos vamos a engañar, pero a mí me gustaba. Lo bien que se dormía en su panza.
Lo bueno de que se haya muerto es que no me acordaré de los malos momentos. Lo tendré idealizado hasta el día en que Dios tenga a bien llevarme con él, aunque me extraña que nos volvamos a ver, seguramente yo iré al cielo.
Ay mi Manolo, mi suegra siempre lo decía: -qué cariñoso es mi hijo- mientras yo me mordía la lengua para no responderle –no, cariñoso no, lo que es, es un mujeriego y lo será toda su santa vida-. Pero me callaba por prudente, era mi marido y ella su madre y le debía respeto aunque nunca le enseñara que la ropa sucia no se lava sola y aparece por arte magia en los armarios lavada y planchada. En fin, son esas pequeñas cosas que dan la sal y la pimienta al matrimonio. Como aquel día en el que descubrí un poco de carmín en el cuello de su camisa, qué disgusto, pero lo hablamos con naturalidad, como se deben hablar las cosas y él reconoció que fue un momento de debilidad, como tantos otros, y es que mi pobre Manolo era débil y no sabia decir “no”. Pero yo lo comprendía al fin y al cabo tenía que compensar su falta de masculinidad con el arte de su espada. Cómo manejaba la espada mi Manolo, claro que con tanto entrenamiento… Pero yo lo quería y le aceptaba. Además ya se sabe cuando Dios te quita algo te lo compensa por otro lado. Mi Manolo no era muy inteligente, pero follaba muy bien. Sí follaba, porque hacer el amor nunca supo, porque esas cosas nacen del alma y el pobre como no tenía.
Lo extraño mucho, pero me siento muy orgullosa, yo no fui para él una más. No, yo fui su mujer. Nunca hubiera soportado que me dejara y tener que vivir con eso, como todas las que hubo antes que yo. No no, a mí me respetó hasta su último momento, yo soy su viuda oficial, lo que no comprendo es porqué cada vez que viene a verme mi cuñada me manda saludos de mi Manolo. La pobre no asimila su muerte.

Uy se acabó la charla, ya está aquí el pesado de todas las tardes con la pastillita amarga y digo yo, que ¿no tendrá dinero para comprarse otra camisa? Siempre va de blanco, bueno como todo en este hotel, es que da mucha amplitud. Tendré que hablar con el director.

La humanidad se mantiene gracias a la zoofilia

El día que las mujeres nos neguemos a follarnos a los cerdos, todo se acabará.

La inexplicable charla de la vecina

-Pero hija de mi vida, con esa pedazo de cama que te has comprado, que no te cabe ni en el dormitorio. Con esas sábanas negras, enormes también, que cada vez que las tiendes me dejas el piso en penumbras hasta que te sale por el santo coño recogerlas. Pero hija, con ese sofá que tienes que para subirlo a tu casa tuvieron hasta que cerrar la calle para que aparcará el camión y nadie molestará mientras encajaban la plataforma no fuera a ser que al santísimo sofá le sucediera algo y hubiera que traer otro y volver a montar la de Dios es Cristo. Pero hija, con esa barra de madera de iroco que tienes en la cocina. La ducha todita ella de cristal, grande también. No sé hija mía, aún así ¿te tienes que subir a follar al terrado?-

Ahora que sé tantas cosas….

Ahora que sé que nadie huele como tú. Ahora que sé que nadie sonríe como tú. Ahora que sé que nadie mira como tú. Ahora que sé que nadie habla como tú. Ahora que sé que nadie toca como tú. Ahora que sé que nadie disfruta de la comida como tú. Ahora que sé que nadie respira como tú. Ahora que sé que nadie besa como tú. Ahora que sé que nadie se despierta como tú. Ahora que sé que nadie toca la armónica como tú. Ahora que sé que nadie ama como tú. Ahora sé que nadie podrá hacerme tanto daño como me has hecho tú.